martes, 16 de abril de 2013

Opuesto


La luna llena se posaba sobre ella mientras esta danzaba bajo su luz. La noche le traía una paz imperturbable y una cierta confianza en sí misma. Siempre estuvo intrigada por las estrellas que contaba cada noche y siempre cuando el sol caía, salía a danzar graciosa bajo la pálida luz que provenía de aquella, su única amiga, la luna. Solía ser solitaria, guardando secretos en lo más profundo de su ser, con una conciencia oscura, y rellena de reliquias del pasado, que se hundían en ella y se estancaban en lo más profundo. Esta decidía ignorarlas pero permanecían inmóviles, estáticas como estatuas que se perpetuaban en su memoria, aunque les fuera indiferente. Desde hacía poco, ella estaba intrigada por alguien, un chico, que le causaba curiosidad.
Él era por mucho, más activo que ella. Siempre miraba a todos por encima, brillante  y generalmente alegre. Parecía siempre estar a la vista de todos, llamando la atención y demostrando su estado de ánimo. Le gustaba sentir que lo miraban y siempre ser el centro de atención. Incluso en el fondo era bello, con infinidad de destellos y maravillas de las que incluso él no se percataba. Aun en la noche estos brillaban y jugueteaban dentro de su ser.
Se encontraron una tarde, cuando el sol se ponía. Un tono anaranjado la rozaba dándole un brillo espectacular. Más bella que nunca, el torno su mirada hacia ella, deslumbrado he intrigado. Preguntándose quien sería aquella misteriosa chica que estaba frente a él,  y desconcertado por su extrema belleza, y por su delicadeza al moverse a medida que el sol caía y termino por asimilar, que este sentimiento extraño que lo invadía era amor.
Ella, como muchos otros, lo miraba detenidamente pero conocía cada mínimo aspecto que tenía. Se enamoró sin saberlo, y ya cuando su amiga luna salía, ya no solo danzaba hasta salir el sol, sino que se sin pensarlo contaba las estrellas una por una, como si su vida dependiese de ello. Usualmente se limitaba a danzar, pero esto era una sensación extraña que no podía describir.
Pasaron días y noches, el por su orgullo, permanecía inmutable, ignorándola por completo haciendo que esta, por supuesto se desconcertara y se hundiera más en su timidez, dejándolo a los dos en su punto inicial. Ella solo continuaba contando las estrellas que veía cada anochecer y que acompañaban a la luna como un festejo que celebraban cada noche, pero era un festejo al cual ella no estaba invitada.
Ni siquiera ella sabía porque las contaba cada noche, sin falta, durante horas hasta que estas lentamente desaparecían o por lo menos, ignoraba su verdadera naturaleza aunque supiese su intención desde un principio, pero solo subjetivamente. Quizás este amor insensato e inalcanzable le daba una razón para hacerlo, un juego incesante de “me quiere, no me quiere” que parecía no tener fin, aunque los primeros rayos del sol, detenían su juego sin sentido quedando siempre en incertidumbre y en un “quizás” que la volvía loca.
Finalmente, termino su tediosa tarea de contar las estrellas en el horizonte que hacia meticulosamente por las que parecían ya, una infinidad de noches insomnes danzando a la luz de esa luna blanca. “Me quiere” dijo al fin con un suspiro, como si hubiese aceptado lo que había hecho inconscientemente durante tanto tiempo. Pero supuso en seguida, que siendo ella misma, jamás estaría a su altura. En realidad, nunca pensó que lo estuviera, solo tenía la vaga esperanza de que tal vez, y solo tal vez, este la tendría en cuenta si se parecía más a él. Así que se volvió un íntimo reflejo de él, un espejo. Este por supuesto noto este cambio, y puso a un lado su inútil arrogancia, mostrando así sus verdaderos sentimientos.
Por fin este al fin dirigiéndole la palabra a ella, declaro lo que sentía desde la primera vez que la vio al caer el sol, bañada en rayos rojizos y anaranjados de luz que perecía, y confeso que al verla tan llamativa no podía ignorar más el hecho de que estaba perdidamente enamorada de ella. Esta se sintió satisfecha y confeso sus anécdotas nocturnas, que cuando el dormía ella contaba estrellas jugando al azar esa inseguridad que la carcomía por dentro. Por fin acordaron que se encontrarían todos los días al caer el sol, al estar ambos bañados en esa leve pintura rojiza y anaranjada y que este sería el símbolo de su unión.
Por supuesto, ella sintió felicidad de estar por fin con su amante, pero esta felicidad le traía sospechas. Pronto lo dedujo, Algo andaba mal, parecía como si él estuviese más ajeno a ella que nunca, pero esto no es lo que la preocupaba. Ella misma no estaba satisfecha con su nuevo amante. Desesperada, trataba de encontrar la respuesta sin suerte alguna estaba estancada justo donde había empezado, y lo peor, el parecía no importarle.
 Lo que nunca sabría es que tal como narciso, el cielo, su amante habría de enamorarse de su reflejo, y ella, mar, nunca lo amo. Solo tenía envidia, envidia de su brillo, de su color y de su extensión. Rabia porque nunca podría estar a su altura, nunca brillante, nunca tan alegre como el, nunca tan triste como él.
 Se limitaría entonces a imitarlo de por vida. Siguiéndolo en su ira, levantándose con violencia ante la tempestad furiosa de su falso amante, siguiéndolo en su tristeza donde el cielo emanaba un color opaco oculto entre las nubes que ella reflejaba en sí misma, recibiendo sus lágrimas gota por gota. Por esta razón podremos ver a lo lejos, en el horizonte, la unión del cielo y mar, como amantes, pero en la realidad, una brecha contundente los separa, como si estos se odiaran mutuamente, repeliéndose sin posibilidad de encontrarse jamás.

lunes, 5 de marzo de 2012

Poco a Poco


En aquellos días, me divertía entre lodo y escombros , donde no reconocía mi propio rostro, y la simplicidad del mundo me atraía.  Los colores desfilaban frente a mi en modo tal que podía acariciar y sentir aquella manifestación extraña que seducía mi joven mente. unos años mas y el mundo aun era simple, aun me seducía con sus encantos, y aunque ignorante disfrutaba de la vida sin mayor preocupacióncreyéndome tan libre como el pájaro que saludaba mi ventana todas las mañanas, y volaba en aquel frío húmedo del viento, cuando el sol apenas asomaba su cabeza situándose imponente sobre aquel mundo que aun causaba impacto en mi. Pero aquella fantasía del mundo que reía con el viento que resoplaba en mi ventana, y lloraba en un oscuro dia gris, desvaneció poco a poco en vista de que mi mente comprendía a aquellos que vivían en el. Aquellos rayos de sol opacados por gigantes de concreto y por el aliento negro y repulsivo de monstruos de metal , los cuales acaparaban vastas tierras y aquellos pastos verdes eran reemplazados por asfalto gris y duro, tal como mi vida de sueños y sonrisas fue reemplazado por ambición y un ceño fruncido producido por el estrés que aquel nuevo mundo me ofrecía, pues poco a poco fui conociendo a los creadores de aquellos gigantes y de aquellos monstruos, que con imprudencia, se atrevían a sacar al sol de su trono situado encima de aquel mundo, ahora indiferente para mi, pues aquellos seres, sintieron la necesidad de cambiar un mundo perfecto, con reglas y mentiras que socavaban mi inocencia, que perdí... poco a poco.